jueves, 21 de julio de 2011

Regreso Conferencia Berlín

Hola a todos! Felizmente he regresado de mi viaje a Berlín, en donde pude disfrutar muchísimo de la charla que estuve dando sobre Tango. Por eso quiero compartir con ustedes el texto que relaté en dicha Conferencia, espero que puedan disfrutarlo, el mismo está tanto en versión en español como en inglés. Saludos!
Sonia.

Versión Español

Bailar tango: la trama de una red emocional, corporal y social

Sonia Abadi Phd.

El tango no es sólo un baile de pareja. Nace como expresión popular de la diversidad de los inmigrantes en una tierra extraña y deviene una red sociocultural. En él la escena erótica de la pareja bailando se entrama con el escenario social.

Pero siguiendo con su doble movimiento de arraigo y desarraigo hoy lo vemos desplegarse en el mundo. Tejedor de redes que enhebra los espacios y los tiempos: lo íntimo con el barrio y el mundo, el pasado con el presente y el futuro.

En el origen el tango fue sólo un modo de bailar las músicas que llegaban a Buenos Aires desde diversas geografías y culturas, con figuras improvisadas, expresivas y sensuales. Fue una asimilación crítica y transformadora de las influencias extranjeras, una aleación cultural.

¿Y qué es bailar tango?

A diferencia de todas las danzas populares que se realizan siguiendo el ritmo, en el tango el bailarín se mueve libremente entre bailar el ritmo y bailar la melodía, según su personalidad, su estilo y su estado de ánimo. También introduce las detenciones del movimiento que se llaman “corte” y “quebrada” y que crean un elemento de juego, sorpresa y libertad dentro del baile. En esas figuras el hombre retiene a la mujer contra su cuerpo y la mece de manera provocadora.

El bailarín expresa: “yo bailo la música como quiero, uso el espacio a mi manera, me detengo cuando quiero y vuelvo a bailar cuando siento que la música se lo pide a mis sensaciones.”

De a poco aparecieron los músicos, primero intuitivos y luego académicos, que crearon una música especial para ser bailada de ese modo.

Música que tuvo influencia del folklore argentino, los ritmos negros, la música española, la canzonetta napolitana, la música galesa llevada a Cuba por los piratas ingleses y traída luego al sur como parte de la habanera, la música barroca enseñada a los indios por los misioneros, el vals y la polka europeos.

Sólo más adelante aparecerán las letras de tango, al principio picarescas y luego dramáticas o descriptivas.

Metáfora de un gran encuentro erótico, social, cultural, el tango es fruto del entramado de los cuerpos, las almas y las raíces de hombres y mujeres hijos del desarraigo y padres de la nueva identidad que se está gestando en el Río de la Plata a finales del 1800 y en los primeros años del siglo veinte.

Materia prima europea que la alquimia de los amores cruzados y sus herederos transformó en tango. Hijo natural de un mundo en transformación, el tango nace en Buenos Aires y más específicamente en sus burdeles.

Por eso para la buena sociedad de la época, ese baile maldito, nacido en la clandestinidad, está prohibido. Sin embargo, poco a poco el tango deja de ser la resaca de la ciudad y comienza a construir su identidad y su belleza, dando origen a un arte complejo y conmovedor.

Así sale de los bajos fondos, llega al centro y se proyecta hacia el mundo. Pero conserva hasta hoy su impronta trasgresora y marginal, que es también parte de su magia y fascinación.

Desde entonces el tango se baila en salones llamados milongas en las que se teje un complejo entramado de códigos que definen las interacciones entre los bailarines, condicionando las actitudes, el contacto y los vínculos. Es de esa experiencia humana y social que quiero hablar, de la milonga como celebración popular y no del tango como espectáculo.

Quisiera explicar ahora que se llama milonga a uno de los tres ritmos que forman parte del tango, junto con el tango vals y el tango propiamente dicho.

Pero también se llama milonga al lugar en donde se baila. Y también a la red local o mundial que configura el mundo del tango bailado.

Se dice bailar una milonga cuando se habla del ritmo, ir a la milonga cuando se va a bailar a un lugar, pertenecer a la Milonga cuando se es miembro de la gran red mundial de personas que comparten la pasión por bailar el tango.

1. La empatía y el diálogo corporal. Contacto, comunión y desencuentro.

Dos que son uno solo. Animal de dos cabezas, un sólo cuerpo y cuatro patas. Ser mitológico mitad hombre y mitad mujer. Monstruo que se abraza a sí mismo. Entrevero de piernas que se esquivan y se rozan. Mosaico de piel morena con piel clara, piernas vestidas y desnudas, brazos fuertes y brazos frágiles.

De la cabeza a los pies, bailar tango pone en juego toda la anatomía. Pero no se trata de cuerpos individuales sino de ensambles, encastres y proporciones entre dos cuerpos de signo opuesto.

Los brazos forman un único cerco que los envuelve en el abrazo. Aunque ella puede apoyarle en el hombro apenas el dorso de la mano, en un gesto de fingida indiferencia. O él trabarla en una rígida toma que tiene más de dominación que de amparo.

Pero bailar tango no es sólo coordinar pasos al ritmo de la música. Existe un sentimiento, una manera de ser que se expresa con el cuerpo, la actitud, los movimientos y las quietudes del verdadero tanguero.

Hay una relación de cada bailarín y bailarina con su propia identidad y su experiencia de ser, y a la vez una disposición para descifrar empáticamente la experiencia del otro. La pareja de tango pone en escena la vivencia de ser con el otro.

Y en las milongas el tango se baila con diferentes partenaires, generando una secuencia de encuentros y desencuentros, de comuniones y despedidas.

Primero es la invitación a bailar. El lazo se inicia a través del contacto de las miradas. Hombres y mujeres, las miradas se evitan o se cruzan, o ambas cosas a la vez. A veces tímidas, otras francas, otras desafiantes.

Es el hombre quien se acerca a buscar a la mujer. Ella se pone de pie y él viene a su encuentro. A veces un “hola”, hasta un beso en la mejilla si ya se conocen, o se pasa al abrazo sin mediar ni una palabra.

Se encuentran como si nunca antes se hubieran visto, se separarán como si no fueran a verse nunca más. Como dos extraños, aún si ya han bailado juntos muchas veces, inician el rito una vez más.

Y en la experiencia de una nueva pareja...el abrazo tranquilizador de un cuerpo conocido o el abrazo inquietante de un otro por descubrir. Alientos, calores, formas que se ensamblan. Distancias y proximidades, encuentros y desencuentros. A veces mágica comunión, otras incómodo forcejeo.

Guiar, ser guiado, la empatía aparece en sus diversas formas.

Forma compleja y sutil de percepción y conocimiento, la habilidad empática requiere de un estado mental, emocional, corporal característico. Y en la relación hombre mujer adquiere sus más ricos matices.

En la danza de pareja enlazada y muy particularmente en esta danza de preguntas y respuestas corporales y emocionales, esta habilidad se detecta, se entrena y desarrolla.

En el tango, igual que en la vida, el único dominio del tiempo que tiene la mujer respecto del hombre es frenarlo, nunca apurarlo. Y ese es el arte de ella. El hombre avanza y la mujer resiste, sin mucha convicción, es cierto.

Pero a veces la empatía falla. Algunas se adelantan y contestan antes de que él termine de preguntar, o dejan la pregunta sin respuesta. Otros se expresan con dificultad o indecisión. Ella tendrá que traducir, y el sentido se le aclara con una décima de segundos de demora. Demasiado alerta, se cansa más y disfruta menos.

Hay bailarines parcos, de figuras despojadas y austeras. Algunos que deslumbran con su destreza. Otros tan barrocos que empalagan. Ni hablar de los inexpertos que bailan un monólogo de memoria, no saben guiar y cuando ella no los puede seguir le dicen con expresión sabihonda: “Este paso no te lo sabías, ¿no?”

La poesía de las mujeres merece un capítulo aparte. Se supone que se dejan llevar. Aunque algunas se resisten, no se sabe si por recato o en un arranque de inoportuno feminismo. Otras van a remolque con una pasividad que más que entrega parece resignación.

Pero la buena bailarina, sin perder el diálogo imprime al baile su propia energía, estrenando un adorno cada tanto, jugando sutilmente con las distancias y los gestos, entregando al piso cómplice las caricias destinadas al hombre.

El milonguero de ley ni siquiera necesita marcar. La toma firmemente entre sus brazos y la cobija en su pecho. Se la lleva puesta, “dormida”, y la guía con el fuelle acompasado de su propia respiración.

2. El abrazo. La transmisión de la experiencia emocional y el movimiento. Así se baila el tango. (713)

Encuentro que comienza en la mirada, continúa en el abrazo y se despliega en el baile. Contrapunto de experiencia con creatividad, equilibrio con sensibilidad, comunicación cómplice con esquiva seducción.

Ya desde el abrazo se pacta sin palabras la calidad de la entrega. La proximidad, el apoyo, el modo de contacto entre las cabezas, la presión del brazo de él estrechando el talle de ella, el peso del brazo de ella rodeando el cuello de él. Envolvente, acariciante, o con la mano sobre el hombro, rozándolo apenas.

El contacto de las cabezas marca el primer indicio de intimidad. En general es la mujer quien define cómo va a ubicar su cara respecto de la del hombre. Si la orienta en la misma dirección que él, le aproxima la boca. Hacia el otro lado, sobre el hombro de él, ella está más cerca de su oído y él del de ella. Aunque en esa misma posición ella podría deslizarse levemente hacia atrás, y aproximarse también a la boca de él.

El hombre es quien propone la forma de contacto entre los torsos. Si la va a enfrentar con todo el pecho o formar un ángulo abierto. Si le ofrece un plano rígido, como un frontón, o le hace un hueco en donde cobijarse.

En la salida él ya define el largo de los pasos y la energía que le es propia. Ella recibe la apuesta y responde desde su energía contenida.

Bailan juntos compartiendo espacios llenos y vacíos. Cada uno escucha el cuerpo del otro, adivina sus pies, registra su emoción, a veces su ansiedad, otras su sorpresa. Se transmiten sus vivencias en un diálogo secreto de preguntas y respuestas. A veces ruego, regateo, exigencia. Otras reserva, recato, recelo.

No se miran ni se hablan. Si hacen falta palabras es porque el lenguaje de los cuerpos está fallando.

Ella no toma la iniciativa, sólo intercala algún capricho que no perturbe la continuidad del desplazamiento. Presiente la intención y se atrasa apenas, creando una leve tensión que indica que está allí presente y que él no baila solo. Es ese pequeño decalaje el que garantiza la emoción, ausente en el tango de escenario en el que la sincronicidad es perfecta, ya que la coreografía ha sido ensayada y se baila “de memoria”. En el tango se juega en un tiempo y un espacio imprevisibles que son el secreto del tango, en donde el buen bailarín improvisa su desplazamiento y su modo de transitar la música.

Parecen uno solo, cuerpo y alma. Pero dicen que para bailar el tango hacen falta dos. Y, sin embargo, dos no alcanzan. En esa celebración, hombre y mujer están bailando acompañados.

Bailan con la música, lenta o picadita. Con cada orquesta y su estilo único, siguiendo el ritmo o la melodía, el bandoneón o el violín. Con el cantor, que les susurra al oído retazos de sueños o pesadillas.

Bailan con las otras parejas en círculo formando un diseño cambiante que multiplica su propia energía. Bailan también con la mirada externa de un público real o imaginario, que los ampara y los aprueba.

Sutil equilibrio de relaciones en el que ninguna debe predominar. El egoísta que baila solo despoja a su pareja de la tan ansiada unión. La pareja que se encierra queda aislada, privándose de recibir el fuego sagrado de los otros así como de aportar su propio ardor a la danza tribal. Los que sólo se exhiben traicionan su intimidad.

Pero cuando todas las partes han sido convocadas por igual, la comunión es perfecta. Misterio de los cuerpos en armonía, magia del tango, la emoción es intensa y total, cuerpo y alma.

En absurda contradicción cada uno anhela que ese tango siga para siempre y que termine pronto, por miedo a que un traspié pueda romper el encanto.

Se apaga la última nota, hacen durar el abrazo por unos instantes más. Cuando la experiencia es fuera de lo común, las palabras sobran, se miran casi con pudor, o ni se miran, conmovidos y asustados de tanta entrega.

Y este milagro de creatividad se renueva y se multiplica en cada pareja, con cada tango, en una literatura de textos inéditos e irrepetibles.

3. Hombres y mujeres: el juego de las diferencias. Autoerotismo, seducción y exhibición. El sentido de la experiencia de ir a bailar. (679)

Agazapado, maniatado, domesticado durante largas horas detrás del volante, el escritorio o el mostrador, él llega a la milonga a descomprimirse, explayarse, expresarse. Es su oportunidad de ser único, de romper con las reglas del rebaño.

Corriendo todo el día detrás de los hijos, los hombres, el carrito del supermercado, el mango, y la tan pregonada emancipación, ella encuentra en el baile el tiempo de soñar, de entregarse, de ponerse en manos del otro y no tener que hacerse cargo por un rato de tomar sus propias decisiones. Acunada, amparada y guiada renuncia impunemente al mandato de ser independiente.

Pero a la vez adquiere nuevos derechos: sentarse sola, mirar sin rodeos al hombre con quien quiere bailar, abrazarse a un desconocido, y a otro, y a otro...

Último baluarte de la sensualidad y la intimidad, bailar tango es recuperar la vivencia de depender física y emocionalmente, realizar el sueño de conocer en carne propia lo que siente el otro.

Y lo erótico está siempre como telón de fondo implícito, si no, no hay tango. Autoerotismo secreto en el contacto íntimo de cada uno con su cuerpo, en el roce de los propios muslos entre sí.

Erotismo de la pareja que permite recuperar algo perdido o encontrar eso que está ausente en la vida cotidiana. El hombre se siente más hombre y la mujer más mujer.

Pero en el ámbito de la milonga hay códigos estrictos.

Como en toda actividad fuera de las convenciones y los márgenes, los códigos reemplazan a las leyes. En el tango, ritual de trasgresiones consensuadas, se crean códigos muy precisos para regular las relaciones entre los miembros del grupo.

Y de todas ellas el contacto corporal entre personas que no se conocen es la trasgresión compartida que sólo se halla protegida por el espacio de la pista y el tiempo que dura un tango.

Los buenos modales dicen que la mano sólo puede deslizarse brevemente hasta encontrar su lugar. Salvo con la intención acordada de acariciar o generar intimidad. Del mismo modo que mantener las manos unidas entre tango y tango, susurrar al oído, suspirar al terminar el tema.

Pero siempre está el riesgo de las aproximaciones corporales no consentidas: buscar el contacto de la pelvis, deslizar los torsos frotándolos entre sí, deslizar el brazo en forma de caricia, acercar la boca a la boca del otro, rodear la espalda de la mujer con el brazo hasta rozar su pecho derecho. Formas de acoso en que lo explícito quiebra la experiencia de conexión.

Pero, si todo va bien, si reina la armonía, el hombre podrá realizar la secreta fantasía de, por breves minutos, ser dueño de un cuerpo de mujer. Y también ella tendrá la experiencia de ser parte del cuerpo del varón.

La pasión o la amistad podrán llegar o no, pero bailar es un acto de amor incondicional, no sólo de técnica, ni siquiera de sensualidad. Ella trata de complacerlo en todo. Él trata de hacerla sentir bien. Simplemente están allí, atentos a sí mismos y a su pareja y disfrutan, tanto si los miran como si nadie los ve.

Sin embargo la verdadera pasión es el tango mismo. Para ellas bailar con muchos hombres es como construir entre todos la figura del hombre ideal. Amante generoso y espléndido, se hace difícil para cualquier hombre disputarle la posesión exclusiva de una mujer.

Para el hombre bailar con varias mujeres es como abarcar entre sus brazos a todas las mujeres de la tierra.

Juego de adultos, pero también continuidad de los juegos de la infancia, en los que cada uno puede ser noble caballero andante o audaz pirata y ellas tímidas princesas o crueles hechiceras.

Atravesado por la apariencia machista y por lo eternamente femenino, el tango es la pareja generosa y perfecta que permite desplegar todas las fantasías. Es aliado, cómplice, amante y una fuente de placer y nuevas sensaciones.

Gran escenario de dos cuerpos en donde es posible escribir su propio guión, rompiendo antiguos prejuicios y viejos códigos. Sueño de ser hombre y mujer, tierno y cruel, dócil o dominante. Frontera entre permitido y prohibido, sexo y ternura, cuerpo y alma.

4. Los códigos del baile, el salón, los vínculos. (606)

En los años 70 en la Argentina el baile del tango no estuvo prohibido, sino misteriosamente desaparecido. La música y las palabras fueron admitidas, pero la represión, como siempre, se ejerció sobre el cuerpo. Sede del erotismo, la agresión, el instinto, la vida, el cuerpo es potencialmente subversivo para cualquier sistema totalitario. Durante aquellos años el baile sobrevivió en las sombras como un rito secreto que compartían sólo algunos iniciados.

En la última década no sólo renace en Buenos Aires sino que es adoptado en el mundo entero. Una posible explicación de este resurgimiento es que parece dar respuesta a variadas necesidades individuales y sociales.

En estos días de soledades físicas en que amistad, sexo y afecto cultivan soluciones de Internet, bailar tango ofrece la oportunidad de un encuentro vivo, cuerpo a cuerpo, a la vez que un espacio para vivir experiencias de diversa calidad emocional, sensual y artística.

Extracto puro de vida, en la milonga se condensa todo en un pequeño espacio y los detalles se amplifican: los personajes, las tensiones sociales, la diversidad.

Y en el momento de ingresar en una milonga se vive la experiencia de entrar cada vez en un espacio- tiempo a la vez familiar y misterioso. El mundo externo se desdibuja o simplemente desaparece. Y en ese mismo movimiento se destejen los lazos fuertes de la vida real. Se diluyen los vínculos con la familia, el trabajo, los amigos cercanos y aún con la identidad y los compromisos de la vida cotidiana. Hasta el recuerdo o evocación de afectos o preocupaciones se esfuman.

En su lugar se activan múltiples lazos débiles, azarosos, intensos, y, en su mayor parte, efímeros. Lazos que se estrechan con la pareja circunstancial de baile, con los compañeros de mesa, con los que comparten la pista esa misma noche.

A veces algunos vínculos podrán evolucionar hacia la amistad, el compañerismo, una alianza para bailar o enseñar juntos, armar un show, fundar una nueva milonga, quizá un romance.

Sin embargo, para todos los que frecuentan las milongas, el sedimento, el decantado de estos lazos termina construyendo una trama de contención, complicidad y pertenencia que perdura a través del tiempo.

Como un gran organismo vivo donde ocurren muchas experiencias a la vez, en la milonga todas las aptitudes para la supervivencia están activas al máximo. Se destacan y se entrenan la intuición, la empatía, el sexto sentido, la mirada periférica, la percepción totalizadora.

Todos están atentos a los movimientos de los otros hombres y mujeres. Se adivina lo que pasa entre dos, por la forma del abrazo, por cómo se miran, o por cómo evitan mirarse. Si están juntos, si alguna vez lo estuvieron, si llegarán a estarlo.

En la Milonga no hay modo de esconderse: algunas cosas se cuentan, otras se ven, y otras simplemente se saben. Como en una gran pecera cualquier pequeña ola de emoción o tensión impacta en los demás. Amores, enojos y venganzas se registran en los matices de gestos, miradas y actitudes. Una vez que se es parte de la Milonga ya no hay escapatoria. Si se ama o se deja de amar, si se es feliz o se llora, todos serán a la vez testigos y cómplices.

Ser milonguero es un culto. Atractivos y seductores, los milongueros, las milongueras, con su manera particular de ver la vida, son una más de las tribus urbanas, como los hippies o los roqueros.

Bailar tango es no bancarse la vida como espectadores y encarar el desafío de ser protagonistas.

5.De la milonga al mundo: las redes del tango, una tribu urbana. (357)

Como toda red informal, el tango permite una práctica y una pertenencia más allá de las fronteras. Esto acontece también con ciertos deportes y hobbies: el ajedrez, el golf, el coleccionismo, que han ido creando tribus de adeptos a través del mundo. En esas actividades además del placer de compartir la pasión por un tema, aparece la oportunidad de socializar.

En el tango además se pone el cuerpo, se desarrollan la empatía y la comunicación sin palabras, se vive la experiencia de crear de a dos, se entrenan las sutilezas de la relación hombre-mujer. Y todo esto, en un contexto de emoción, arte y celebración. Si para los solos puede ser un lugar para socializar, para las parejas es una actividad creativa compartida que favorece la comunicación y mantiene viva la sensualidad. Y en la trama social es una manera de fortalecer la participación y de reconstruir lazos disgregados

En las civilizaciones la música ha sido el nexo emocional y artístico entre personas y culturas. Si la música es comunicación, el arte de bailar tango es un modo original de intercambio con otras historias y geografías, atravesando las barreras del lenguaje y favoreciendo la integración de la diversidad.

Y el tango es encuentro. De emociones y vivencias. De personas de distintas identidades, culturas e idiomas, que a través del baile pueden vivir la experiencia del contacto de los cuerpos, la improvisación, la destreza, la oportunidad para el despliegue de la originalidad individual.

También la revalorización de los roles masculino y femenino y la pertenencia a un grupo humano enhebrado por la misma pasión.

Anclaje y movimiento, fusión y expansión aparecen a la vez en la dinámica de la pareja, en el espacio donde bailan múltiples parejas, en el universo compartido de los apasionados del tango alrededor del mundo.

Si el universo del tango refleja una parte fundamental de la idiosincrasia de los porteños, su música, baile y poesía aportan aptitudes y valores a la civilización actual. De subcultura a transcultura, el tango es trasgresión y libertad, por eso el mundo lo hace suyo.

Versión en Inglés

Dancing tango, the weave of an emotional, corporal and social network.

Sonia Abadi Phd.

Tango is not just another partner dance. It was born as a popular expression of the diversity of immigrants in a strange land, and it became a social and cultural web. In tango, the erotic scene of the dancing couple is knitted with the social scenario.

Following a double movement, from deep rooted to rootless, from individual identity to sense of belonging, nowadays we can see it spreading out around the world. Net weaver that strings together space and time: the intimate feelings with the neighborhood and the world, the past with the present and the future.

In the beginning, tango was just a way of dancing the music that arrived to Buenos Aires from diverse cultures and countries, with improvised figures and sensual and expressive movements. It was a critical and transforming assimilation of foreign influences, a cultural blend.

But what is the real meaning of tango dance?

Unlike other popular dances that follow the rhythm, the tango dancer moves freely between the rhythm and the melody, depending on his personality, style and mood. Tango also introduces temporary stillness in the movement, called “corte” (stop) and “quebrada” (break). These figures, in which the man holds the woman against his body and swings her in a provocative way, create an element of surprise, fun and freedom.

The dancer performs the music the way he wants. He uses the space freely, stopping when he wants and starting again when he´s feeling that the music is calling him to do so.

From this dynamics, tango musicians came along and created a special music to be danced that way, first from intuition, and then with musical theory.

Tango music was influenced by argentine folklore, black rhythms, spanish music, the canzonetta napolitana, the english music that had been taken to Cuba by pirates and brought to the south as a spice of the habanera, the baroque music taught to the Indians by missionaries, and, of course, the European Waltz and Polka.

Later on, the tango lyrics would appear, at first sassy and spicy, then more descriptive and dramatic.

A metaphor of a great erotic, social and cultural meeting, tango is the result of the encountering of bodies, souls and roots of those men and women who were sons of the rootless and parents of a new cultural identity, born at the end of the 1800’s and into the early 20th century.

European raw material that the alchemy of crossed loves and its heirs has transformed into tango, a bastard in a changing world, Tango was born in Buenos Aires, but more specifically in its bordellos.

That is why, for the good society of the time, this accursed dance, born underground, is forbidden. However, little by little, tango ceases being the waste of the city and begins constructing its identity and its beauty, becoming a complex and moving art.

This is how it leaves the underworld, it reaches downtown and it projects itself towards the world. But it keeps, up to this day, its out of boundaries and its transgressive imprint.

Since then, tango is danced in places called milongas, where a complex net of codes is woven, defining the interactions between the dancers, conditioning their attitudes, their contact and their relationships. This is the human experience that I want to talk about, the milonga as a popular celebration, as a social performance, and not just as a show.

I would like to explain now that we call milonga one of the three rhythms of tango, together with the tango waltz and the tango itself.

But we also call milonga the dancehall where tango is danced, and milonga is also the net that shapes the tango dance universe.

We say, to dance a milonga when we talk about rhythm, to go to a milonga when we go to a dancehall, and to belong to the milonga when we are a member of the worldwide net of people who share the passion of dancing tango.

1. Empathy and body language. Matches and mismatches. Contact and communion.

Two bodies that are just one. An animal with two heads and four feet. A mythological creature, half man and half woman. A monster who embraces itself. A mixture of legs that avoid and rub each other. A mosaic of pale and dark skin, dressed and naked legs, strong and delicate arms.

From head to toe, dancing tango engages the whole anatomy. Not just individual bodies but perfect fits, ensembles of two bodies of complementary signs.

Their arms shape a frame that holds them in the embrace. Although, she may barely rest the back of her hand on his shoulder, in a gesture of pretended indifference. Or he may cramp her into a rigid hold that feels more like domination than protection.

Dancing tango is not only about coordinating steps to the rhythm of the music. There is a feeling, a personality that is expressed in the body, in the attitudes, moves and stillness of the real tango dancer.

There is an engagement between every dancer and its own identity and experiences, and, at the same time, there is the willingness to read empathically the partner’s experience. The tango couple puts on stage the living experience of being oneself with each other.

And in the milongas, tango is danced with different partners, creating a sequence of encounters, communions and separations.

At first, there is the invitation. The tie is created by staring. For both men and women, the gazes avoid each other or meet. They might be shy, brazen, or insolent.

The man is the one who approaches the woman. Then, she stands up and he goes meet her. Sometimes a “hello”, even a kiss on the cheek if they already know each other, or else they embrace without saying a word.

They meet as if they had never seen each other before, and they will go away as if they would never see each other again. Like two strangers, even if they´ve danced together many times, they will start the ritual once again.

And in the experience of a new partner... the soothing embrace of a well-known body or the disquieting embrace of a stranger. Breath, warmth and shapes that get assembled. Distance and nearness, matches and mismatches. Sometimes a magical communion, others, an uncomfortable wrestle.

To lead, to be led, empathy appears in different ways. A complex and subtle form of perception and knowledge, the empathic skill requires a particular mindset, and it achieves its richest nuances in the union between a man and a woman.

In any partner dance, and especially in this particular dance made of corporal and emotional questions and answers, this ability can be detected, trained and developed.

And this appears in each physical dialog, showing the different styles of communication of men and women.

In tango, as in life, the only control of time a woman has over a man is to slow him down, never to rush him. That is her art. While the man moves forward, the woman resists, though without much conviction.

Although sometimes, the empathy fails. Some women hurry up and answer before her partner finishes asking, or they leave the question unanswered. Some men express themselves with difficulty or indecision. Then, she has to translate, and the meaning appears to her delayed by a tenth of a second. As she is too alert, she gets tired and enjoys herself less.

There are some laconic dancers, whose movements are bare and austere. Some dazzle you with their art. Others are so flowery that they’re cloying. Not to mention the amateurs, who dance a monologue they’ve learned by heart, don’t know how to lead, and when their partner can’t follow, state putting on airs of wisdom: “you didn’t know that step, did you?”
Women’s poetry deserves a chapter of its own. They are supposed to let themselves be led. Although some resist, and who knows if it’s because they´re shy or in an ill-timed attack of feminism. Others are towed around, with a passivity that looks more like resignation than commitment.

However, some women manage to keep up the dialogue while putting their own energy into the dancing, introducing an embellishment from time to time, playing subtly with distances and gestures, and giving the floor, their accomplice, caresses they don’t dare give the man.

In fact, the experienced “milonguero” doesn’t even need to lead. He takes her firmly in his arms and cradles her on his chest. He puts her on and carries her off, 'asleep,' guiding her with the rhythmic bellows of his own breathing.

2. The embrace. The transmission of the emotional experience and the moves. This is how you tango.

An encounter that begins by looking, that continues by embracing and displays itself by dancing. A counterpoint between experience and creativity, balance and sensibility, friendly communication and elusive seduction.

From the moment of the embrace, the quality of the surrender is silently accorded. How close, how tight, the way the heads come together, the pressure of his arm around her waist, the weight of her arm around his neck. Enveloping, caressing, or hand on the shoulder, barely brushing against it.

The contact of the heads marks the first indicator of intimacy. In general the woman defines how she's going to place her face in relation to the man's. If she turns it in the same direction as his, she approaches his mouth. With her head to the left, on his shoulder, she is closer to his ear, and he to hers. Although in that same position she could shift slightly backwards and also get near his mouth.

The man proposes the type of contact between the torsos. Whether he's going to face her with his whole chest or to form an open angle. Whether he offers her a rigid plane, like a wall, or he makes a hollow for her, where she can comfortably settle in.

When he takes the first move, he defines right away the length of the steps and the strength of his own energy. She takes the bet and answers with her own wounded-up energy.

They dance together, sharing full and empty spaces. Each one listens to each other's body, guesses where the other's feet are, registers their emotions, sometimes their anxiety, occasionally, their surprise. They convey their experiences in a secret dialogue of questions and answers. Begging, bargaining or demanding. With reserve, modesty or distrust.

They neither look at each other nor talk. If words are needed, it is because the body language is failing.

She never takes the initiative; she can just slip in a whim that doesn’t disrupt the continuity of their movement. She feels his intention, and holds back a bit, creating suspense and a light tension, just to prove that she’s there and that he’s not dancing alone. This brief delay assures the emotion, that doesn’t exist in the stage tango, where the synchronicity is perfect, since the choreography has been rehearsed and is danced by heart. At the milonga, an unforeseeable time and space are at stake, which are the secret of tango, where the good dancer improvises his moves and his way of passing across the music.

They look like one being, body and soul. But as it’s usually said, “it takes two to tango”. And yet, two is not enough. In this celebration, the couple is not dancing alone.

They dance with the music, slow or wild. With every orchestra and its unique style, they follow the rhythm or the melody, the bandoneon or the violin.
They dance with the singer, who whispers snippets of dreams or nightmares in their ears.

They dance with other couples, in a shifting circle that multiplies its own energy. They also dance with the external gaze of a real or imaginary audience, which holds and supports them.

It is a subtle balance of relations, none of which should prevail. The selfish man who dances alone deprives his partner of the union she longs for. The couple closed in on itself gets isolated from the rest, out of the sacred fire and without adding their own flame to the tribal dance. Those who are only showing off betray their privacy.

But when all the parties have been called together, the communion is perfect. Mystery of the bodies in harmony, magic of the tango, the emotion is intense and complete, body and soul.

In a strange contradiction, they wish the tango could go on forever and at the same time, that it ended soon, fearing that a stumble might break the spell.

The last note dies out; they extend the embrace for a few more seconds. When the experience is extraordinary, words are out of place; they hesitate to look at each other, moved and frightened by such surrender.

And this miracle of creativity reappears in every couple, in every piece, in a unique and original expression.

3. Men and women: the differences game. Eroticism, seduction and show-off. The meaning of the milonga experience.

The man, crouched, handcuffed, tamed for many hours at the steering wheel, the desk or the counter, arrives at the dancehall in order to open up, to spread out and to express himself. It’s his chance to be unique, to break with the rules of the herd.

The woman, chasing the kids, the man, the buck, running around with the cart in the supermarket, and going after her long proclaimed liberation, finds in the dance the time to dream, to abandon herself in other arms, released for a while from making her own decisions. Cradled, protected and guided along, she withholds the mandate of being independent.

At the same time she acquires new rights: she can sit alone and stare openly at the man she wants to dance with, and she gets to embrace a stranger, and another, and another…

Last bastion of intimacy and sensuality, to dance tango is to recover the experience of depending physically and emotionally, to fulfil the dream of knowing in one’s own flesh the partner’s emotions.

And eroticism is always present as an implicit background, otherwise, there is no real tango. To start with the secret eroticism of the intimate rubbing of one’s own body parts.

Eroticism again in the couple, that allows the recovery of what was missed, or the discovery of what they can’t find in everyday life. The man feels even manlier, and the woman feels even more feminine.

But because of this display of sensuality, the sphere of the milonga needs strict codes.

As in every activity performed outside social conventions, codes replace laws. In tango, that is a consented ritual of social transgressions, very precise codes are created in order to regulate the relationship between the members of the group.

And in the milonga, the physical contact between persons who have just met is the shared transgression that is only protected by the space of the dance floor and the time a tango lasts.

Good manners state that the hand can only slide briefly, until it reaches its proper place. Unless there is a consented intention to caress and to get intimate.

Hardly ever this unwritten codes are broken, but there is still a risk of not consented touching: seeking for the contact of the pelvises, sliding the torsos and rubbing them against each other, slipping one’s arm as in a caress, approaching one’s mouth to the partner´s mouth, putting the arms around the woman´s back in order to brush his right breast. All of them, forms of harassment where the explicitness disrupts the harmony of the invisible bond.

But if all goes well, the man may, for a brief moment, fulfill his secret fantasy of owning a woman's body. And she can also have the experience of being a part of the man's body.

Passion or friendship may come later, but dancing is in itself an act of unconditional love, not only of technique, not even of sensuality. She tries to please him in every way. He tries to make her feel good. They're simply there, aware of themselves and of their partner, and they enjoy it, whether they are being watched or nobody sees them.

However, the true passion is the tango itself. For her, dancing with many men is like constructing from them all the figure of the ideal man, a generous and lavish lover. That is why it’s hard for any single man to keep exclusive possession of a woman.

For the man, dancing with many women is like hugging in his arms all the women on earth.

A game for adults, but also the continuation of childhood games, when any boy could be a noble knight or a daring pirate and every girl could become a shy princess or a cruel witch.

Standing between its male chauvinist appearance and the eternal feminine, tango is the perfect and laving partner that allows the display of every fantasy. It is an allied, an accomplice, a lover and a source of endless pleasure and new sensations.

Great stage of two bodies where you can write your own script, by breaking old prejudices and long-standing codes. The dream of being a man and a woman, tender and cruel, docile and dominant. Tango stands between the allowed and the forbidden, sex and tenderness, body and soul.

4. The dance codes, the ballroom, the ties

In the seventies, during the dictatorship, tango dance was not banned, but “missing”. Even if the tango music was heard, the repression, as usual, was practiced on the body. As the ground of eroticism, aggression, instinct and life, the body is always potentially subversive for any totalitarian system. In those years, the dance survived in the shadows, as a secret ritual, which was shared only by some initiated people.

In the last decade, tango was not only reborn in Buenos Aires but was also adopted all around the world. A possible explanation for this revival is that it seems to be “the answer” for several individual and social needs.

In these days of physical loneliness, when friendship, sex and emotion find Internet solutions, dancing tango offers the opportunity of a living encounter, body to body, and, at the same time, a space to live emotional, sensual, social and artistic experiences.

A concentrated sample of life, at the milonga everything is condensed in a small place and the details get amplified: the characters, the social tightness, the diversity.

When arriving at the milonga, one experiences entering a space both familiar and mysterious. The outside world blurs or just fades. And at that moment, the strong ties with the real life unthread, and the bond with family, work, close friends, and even one´s own identity and commitments get dissolved. Even the evocation of worries and affections vanishes.

Instead, multiple links activate, that are random, intense, and generally ephemeral. Links connecting the circumstantial dance partners, the companions at the table, the dancers that share the same dance floor.

Eventually, some bonds can evolve into friendship, an alliance to perform or to teach together, maybe to start a romance.

However, for most people who frequent the milongas, the sediment, what lasts from these links, ends up by constructing a holding weave made of long-lasting friendship and sense of community.

As in a large living organism where many experiences occur at the same time, at the milonga every surviving skill is activated to the fullest. The intuition, the empathy, the peripheral glance and the holistic perception are brought to light and trained.

In the Milonga there's no way to hide: some things are told, others are seen, and still others are simply common knowledge. As in a huge fishbowl, any little wave of emotion or tension hits the others. Love, anger and revenge are felt in the nuances of gestures, glances and attitudes. Once you're part of the Milonga there's no escape. If you love or stop loving, if you're happy or sad, everybody will be both witness and accomplice.

Being a milonguero is a cult. With their unique way of seeing life, they're another urban tribe, like the hippies or the rock and rollers.

5. From the milonga to the world: tango networks, an urban tribe.

As in every informal network, tango allows a practice and a belonging which has no boundaries. The same happens with some sports and hobbies: chess, golf, collecting things, which have created followers around the world. In these activities, people not only can share their passion, but also find the opportunity to socialize.

In tango, moreover, you involve your body and soul. Empathy and wordless communication are developed; you find out about the subtle bonds between a man and a woman, and all this, in an emotional, artistic and celebrative context.

If, for single people, tango dance can be a place to socialize, for couples it is a shared creative activity, which helps the communication and keeps the sensuality alive. And in the social fabric, it is a way to reinforce participation and to rebuild broken bonds.

In the history of civilizations, music has always been the emotional and artistic link between communities and cultures. If music means communication, the art of dancing tango is an original way to exchange meaning with other histories and geographies, crossing over the language barriers and favoring the integration of diversity.

And tango means also encounter. Meeting of emotions and experiences. Of people with different identities, backgrounds and languages, who can experience through the dance the contact of the bodies, the improvisation, the opportunity for displaying the individual originality.

It is also the appreciation of masculine and feminine roles, and of the belonging to a human group threaded by the same passion. Movement and consolidation, fusion and expansion appear both in the couple´s dynamics, in the dance floor where multiple couples dance, and in the shared universe of the tango followers all around the world.

If the world of tango reflects an essential part of the “porteños” idiosyncrasy, its music, its dance and its poetry contribute with aptitudes and values to today’s civilization. From subculture to transculture, tango is freedom and transgression, and that is why it belongs to the entire world.

Translated by Lorena Kalwill

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