sábado, 26 de diciembre de 2009

“...Imaginemos hoy vivir el tiempo de antes”

Por Sonia Abadi.

Tarde me di cuenta, Fuimos la esperanza, Nada queda ya... Canta el sobreviviente de un tiempo mejor. Los títulos y letras son elocuentes, el tango se conjuga en pasado.
Recuerdo, Cicatrices, Marcas, de amores perdidos. Hoy vas a entrar en mi pasado..., no habrá ninguna igual..., nos enfrentan a lo irreparable.
Hay un último ejemplar de cada cosa que se acaba: El último café, organito o Farol se van de la mano con La última curda, El último guapo y La última grela.
Nostalgias de los dieciocho años o quince abriles, se mezclan con el culto de lo añejo: Viejo coche, Viejo smocking, Viejo Tortoni. También la Vieja luna y la Vieja recova.
Pero si el pasado está en las letras, el futuro está en el baile. Ante la sorpresa de los milongueros de siempre, los nuevos llegan al tango. Para huir de la soledad, encontrar pareja, hacer amigos, o simplemente porque está de moda.
Gracias a ellos se abren nuevas milongas y mejoran las antiguas. Se inauguran cursos y academias, creando fuentes de trabajo para veteranos y jóvenes bailarines.
Y en la milonga las ilusiones reemplazan a los recuerdos. Allí reinan las expectativas, modestas o desmedidas, comenzando por la de aprender a bailar.
Pero nada se logra sin pagar el “derecho de pista”.
Después de varios meses de clases, y escoltada por la amiga más experimentada (ya fue dos veces) ella se anima a lanzarse a la milonga. Si no plancha, se tendrá que bancar al compañerito de clase que baila menos. O al veterano que se las da de profe y le da cátedra mientras bailan. Si tiene suerte le tocará iniciarse con un hombre tierno y comprensivo. Eso es fundamental porque, como toda mujer sabe, la primera vez puede ser traumática.
A partir de esa noche estará eternamente condenada a las expectativas. Ojalá que no llueva ni anuncien nuevas medidas económicas, así los hombres no se quedan en casa. Que no haya partido de fútbol, ya que los clásicos suelen despoblar las pistas. Ojalá que no venga la novia del prócer, así me baila como la otra noche.
También al hombre le tocará debutar. Los nervios le evocan otras pruebas decisivas de su vida de varón. Elige a una mujer y la encara con tanto pánico y vergüenza como aquella vez. La mina lo ignora sin compasión. En el mejor de los casos encuentra una conocida que lo salva de la humillación. Sale a la pista contando los ocho pasos del básico y, al iniciar la secuencia que le enseñaron en la última clase, choca contra la pareja que va adelante. Intenta retroceder y se estampa contra los de atrás. A mitad de la tanda tiene la impresión de que todos lo miran y desea fervientemente que la tierra lo trague.
Con el tiempo aprenderá a fichar a las buenas bailarinas y esperar a que nadie las saque hasta la mitad de la tanda para tener su oportunidad.
Finalmente, cada uno irá construyendo su carrera de bailarín, hecha de historias pasadas, experiencias presentes y promesas futuras. Habrá conseguido un club al que pertenecer, un deporte para muchos años, un culto para profesar, algunas heridas de guerra, un buen callo plantar, una fama bien ganada, varios enemigos mortales, un amigo de fierro, ex parejas, ex amantes... y siempre más expectativas.

lunes, 21 de diciembre de 2009

El eros del aprendizaje, la imitación y las rupturas...un link con el tango

Un aporte de Ernesto Fernández.

Nadia Boulanger, cuyo primer maestro fue Faure, ganó todos los premios en armonía y composición a los 13 años. A los 20 ya empezó a dar clases por su cuenta. Hizo innovaciones sobre la forma de tocar a Bach. Cristalizó las propuestas feministas contra la injusticia académica y profesional (por ser mujer, claro). En 1913 comenzó su fama como pedagoga y tuvo como alumnos a prodigios como J.Dupont. Era tal su prestigio entre las alumnas que la denominaron la "sociedad Nadia Boulanger".
Dirigió un conservatorio francoamericano, cuyo primer matriculado fue Aaron Copland. El magisterio de Nadia Boulanger no tiene parangón en la historia de la música y atrajo a personalidades del ballet como Ninnete de Valois y Balanchine. A los 30 años era un fenómeno internacional. En 1940 atraía a ardientes seguidores como Gian C. Menotti y Leonard Bernstein; se dice que tambien G. Gershwin, P.Glass, Igor Markevitch proclamaron su "deuda" con ella. Influyó en el despertar de la música americana. Con la vista debilitada pero el oído tan fino como siempre, muere a los 90 años en octubre de 1979. Nadie que no haya sido alumno de Boulanger puede expresar el hechizo en su modo de enseñar. "No creo en la enseñanza de la estética a menos que se combine con un intercambio personal". La posibilidad de intercambiar lo mejor que hay en mí, con lo mejor que hay en vosotros", " el profesor no es más que el humus del suelo", "cuando doy clase echo las semillas", y muchos más...

Ahora bien querida Sonia, ¿y el link con el tango?. Sabrás que cuando Astor Piazzolla llega a París, se presenta a Nadia Boulanger con composiciones sinfónicas o de "música culta" (ya que le daba verguenza decir que tocaba el fuelle). Nadia le hace tocar alguna pieza al piano, no se convence y le dice : ¿tiene algo suyo? y toca Triunfal. Lo demás es historia conocida, pero no es casual que el talento genial y la obra que produjo Astor (¡900 temas!), tuvieran como inicio esa reunión con Nadia. De todos modos algo malo nos pasa: yo lo escucho, tengo casi toda su obra, es venerado por Baremboin, Kremer o Mulligan, pero la dos por cuatro no lo pasa, y eso me duele, privar de tan bella música a tantos tangueros como nosotros, con una historia tan rica y universalmente reconocida como lo es la de Piazzolla. El nos dice desde otro lugar, ¿alucinado?, la terrible decadencia en la que hemos caído (y no hay fondo). En Tucumán 676, donde tocaba para pocos el quinteto de Astor, concurría Troilo a escucharlos, mientras se daba con la blanca, y decía.." si yo supiera la de música como sabés vos, gato, sería Beethoven sería..). Así decía el amado Gordo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

La más linda de todas...

Un regalo de Raúl Barrozo.

Sin lugar a dudas. La más linda de todas. Sola, en una de las esquinas de la pista. Rubia de cabello largo, alta, bonita, medio matadora, deseable. Y yo que no podía mirarla de frente. Porque estaba atrás. Y yo que seguía dando vueltas por toda la Viruta. Dudando de sacarla a bailar de frente y que me dijera que no. Y ella sin bailar. Hasta que salió a bailar con otro. Y así pude confirmar lo rebuena que estaba. Y la miré fijo y fuerte. Con esa ilusión de matador que tiene uno. Y hasta me pareció que me miraba. Aproveché que luego de un par de piezas, volvió a su lugar. Allí si. Creo que le dije algo como querés hacer una salsita conmigo, porque estaban pasando uno de salsa. Si, me dijo, escueta, y todavía un enigma. Luego vino de todo. Pop, salsas, merengues, cuartetos, disco. Un estado físico impecable. Las agachaditas eran fantásticas. Y se quedaba allá abajo mientras yo no podía y volvía antes, digamos rapidito. Pero como también ando regio en lo físico, nos seg uíamos mutuamente el tren. Un poco más de una hora a full, en plena pista, con más de uno que miraba la mina que bailaba conmigo. Y tenían que llegar. La serie de boleros, digo, tenía que llegar. Y de arranque nomás con el Luismi. Y después con Sandro. La apreté, nos apretamos. Le corrí el pelo para que nuestras caras se encontraran, y se pegó más. Es increíble, me dije. Hace una hora no nos conocíamos y ahora tan juntos que estamos, extasiados con Manzanero. Luego fuimos a la barra a tomar algo y nos enganchamos en la charla, contándonos cosas de los dos, mejor dicho de cada uno. Largo charlamos. Después volvimos a bailar. Ya era de madrugada cuando nos fuimos de la Viruta. Para que más, me dije. Así está bien. Salimos juntos. Ella vive a pocas cuadras. En la esquina nos despedimos. El 106 pasó apenas llegué a la parada.

Mañana zarpa un barco



Así lo imagino:

Stella Maris, Estrella del mar, el nombre con el que desde hace siglos la gente de mar se dirige a la Virgen María, en cuya protección siempre ha confiado. Stella Maris fue el nombre que eligió para ella su abuelo genovés, inmigrante que vive con la familia en el barrio de la Boca. Stella Maris, la que acompaña y guía, y la que calma las tempestades. Pero ella es sólo una chica del puerto de Buenos Aires, que pasa sus noches en un bodegón de mala muerte, acompañando a los marineros, acunándolos al son de un asmático bandoneón. También calmando otra clase de tempestades. Pero, cuidado con encariñarse, porque ellos siempre están de regreso, de paso o se están yendo. Sus destinos se cruzan por un par de noches y la marea los vuelve a separar, ellos se van, ellas son las chicas del adiós.
Así le canta esa noche a Stella Maris su último cliente mientras se aleja, quizá para siempre.
¿Ella está llorando? Quizá sólo sea la ilusión del marinero que quiere imaginar sus lágrimas para sentirse menos solo.

Mañana zarpa un barco.
Letra de Homero Manzi, Música de Lucio Demare, 1942

Riberas que no cambian tocamos al anclar.
Cien puertos nos regalan la música del mar.
Muchachas de ojos tristes nos vienen a esperar
y el gusto de las copas parece siempre igual. (up)
Tan sólo- aquí en tu puerto se alegra el corazón,
Riachuelo donde sangra la voz del bandoneón.
Bailemos hasta el eco del último compás;
mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más....

¡Qué bien se baila sobre la tierra firme!
Mañana al alba tendremos que zarpar.
La noche es larga, no quiero que estés triste...
Muchacha, vamos; no sé por qué llorás...
Diré tu nombre cuando me encuentre lejos.
Tendré un recuerdo para contarle al mar.
La noche es larga, no quiero que estés triste...
Muchacha, vamos; no sé por qué llorás...

Dos meses en un barco viajó mi corazón,
dos meses añorando la voz del bandoneón.
El tango es puerto amigo donde ancla la ilusión,
al ritmo de su danza se hamaca la emoción.
De noche, con la luna soñando sobre el mar,
el ritmo de las- olas me miente su compás.
Bailemos este tango, no quiero recordar;
mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más...

jueves, 17 de diciembre de 2009

Tango y psicoanálisis

Por Julio Woscoboinik
www.elenigmadeborges.com.ar

Es verdad que Buenos Aires es la cuna del tango. Es verdad que Freud prendió fuerte en Buenos Aires. Pero también es cierto que el Psicoanálisis tuvo su cuna en la clase media, media alta, profesional, intelectual de Buenos Aires y el tango, nació en las orillas, en las márgenes de la Gran Aldea.
Es verdad que ambos hallaron sus resistencias. El tango porque venía del alma del suburbio. El psicoanálisis porque buscaba adentrarse en los suburbios del alma.
Es verdad que el psicoanálisis fue transgresor para esa época victoriana.
Y el tango por que cantaba esas miserias humanas, que la sociedad porteña no quería enterarse.
Con todo pienso que si algo los une es el dolor y la tristeza, 
en el tango para decirla, 
en el psicoanálisis para aliviarla.
Aunque en la medida que los condicionantes de esos sentimientos eran esencialmente socio-económicos, en eso residiría el mayor desencuentro.
Me parece por esto relativo el señalamiento de coincidencias.
El tango como tantas otras expresiones musicales folklóricas tiene su raíz en la necesidad instintiva del ser humano de expresar algo que tal vez comenzó con la primera insatisfacción, con la primera pérdida, con la primer tristeza. Fue canto de desheradados, en las orillas de la vida de la Gran Aldea . Fue bálsamo y compañera de la soledad. Consuelo frente al desarraigo ya sea del campo o de otras tierras lejanas.
Tal vez las coincidencias habria que buscarlas en uno de los orígenes del psicoanálisis. Cuando se lo busca en el Freud de la tradición hebrea y en los padeceres transgeneracionales de persecuciónes y pérdidas, penas y desarraigos del pueblo judío.
En fin, creo que el tango como el alcohol fue la terapia de los pobres.
En general, el origen del canto fue religioso. Lenguaje apropiado para dirigirse a los dioses. Y expresión catártica de historias de batallas y de amor.
David y Salomón eran representados con un arpa entre sus manos. Salmos y baladas fuerón cantados por Salomón.
En Roma en los primeros tiempos la música estaba en manos de esclavos griegos y asiaticos los que alegraban los banquetes y los espectáculos del circo. Los primeros cantícos cristianos fueron en las catacumbas romanas donde se hallaban encarcelados, perseguidos y martirizados.
Asi también el nacimiento de los “negros espirituals”, gospels, de los esclavos africanos en Estados Unidos.
Un cantar de la tristeza para no caer en la desesperación.
Lo escuchamos claramente en los primeros versos del Martín Fierro
Aquí me pongo a cantar

Al compás de la vigüela, 

Que el hombre que lo desvela 

Una pena estraordinaria 

Como el ave solitaria 

Con el cantar se consuela.
Son muchas las facetas a considerar, pero quiero detenerme en algo que me llamo la atención y es la importancia de la música en cuanto resonancias emocionales. Al hablar del ritmo y la música, la poesía alcanza una resonancia emocional que que nos invade. Estamos hablando del ritmo en la gramática de los sentimientos. Es lo que más nos llega cuando la lectura de una poesía o aín de un texto en prosa: nacido de la emoción, el ritmo es el lenguaje del sentimiento.
El tango, dijo alguien, es una danza triste que se baila. Tristeza y melancolía, resentimiento y bronca del desarraigo y la marginación. Que se baila con cortes, y quebradas, con sentada, ocho, media luna, y corrida.
Entre la poesía, el canto, y la música. El bolero también canta al amor y sus desdichas pero tiene una melodía serena y tranquila. En un cara a cara donde la pareja juega al mayor contacto. El tango es apasionado, es peleador y donde hay un juego erótico-agresivo más de las piernas que del rostro.
Pese al pesimismo escéptico que algunas letras transmiten, el compadrito o la mujer del lupanar o el gaucho sin tierras o el joven inmigrante en tierra ajena, sacan fuerzas para resistir. Desde las orillas desde las margenes desde las fronteras y salvando las aduanas represivas se contrabandea las ganas de salvarse.
“Ecos, resaca, arena, liquen, sueños. 
Otra cosa no soy que esas imágenes 
Que baraja el azar y nombra el tedio. 
Con ellas, aunque ciego y quebrantado 
he de labrar el verso incorruptible 
Y (es mi deber) salvarme.”
Estos versos de Borges sintetizan lo más íntimo del alma del tango.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Origen del tango, destino de la mujer

Por Sonia Abadi.

Hombres de campo que llegan a las orillas de la ciudad, inmigrantes sin familia que recalan en el puerto, hombres solos en busca del bien más preciado: la mujer.
Y el burdel como mágica vidriera en donde ellas se exhiben. Mujeres del interior del país o nacidas en el mismo arrabal, campesinas polacas traídas con engañosas promesas de matrimonio y rameras francesas más o menos experimentadas. Morenas las italianas y españolas, pálidas y rubias las rusas y alemanas.
Club de hombres antes que nada, lugar de encuentro de los varones porteños, en la salita se bebe, se conversa, se cierran negocios honestos o turbios y se pactan acuerdos políticos. Allí se alquilan o se compran las mujeres trofeo para lucirse ante los otros hombres.
Y entre la tertulia y los cuartos sórdidos de los lupanares o los cuartos lujosos de las “casas francesas”, el esparcimiento del baile, al son del violín o el bandoneón.
El tango es obligatorio para las mujeres del burdel, que lo practican entre ellas para iniciar a las nuevas pupilas. En las horas de la mañana, entre el lavado del cabello y el arreglo de la ropa, ellas se abrazan y bailan. Momento de placer e intimidad, gracia y ternura, libres del dominio del hombre.
La destreza en el baile es poder y prestigio, ya que la buena bailarina es elegida por los clientes y accede a ser la pareja del rufián más poderoso. En ese caso ella pelea por la posesión exclusiva de su hombre, confiada en el puñal que lleva siempre, escondido en la liga.
Para la sociedad de la época, ese baile maldito nacido en la clandestinidad, está prohibido. Pero las jóvenes sin derecho a la experiencia, sueñan con el tango, amante malevo y tierno que les hará conocer emociones fuertes.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Gardel: el mito, el hombre, el artista, el innovador

Por Sonia Abadi

Padre desconocido, origen incierto, cambio de nombre, años de juventud en los que se pierde su rastro, vida amorosa reservada y ambigua, ausencia de hijos, muerte trágica, los ingredientes del mito están presentes.
Y el perfil del hombre lleva también los trazos de su historia: el contrapunto entre arraigo y desarraigo. Por un lado la devoción del hijo único hacia la madre sola, los códigos de lealtad con la barra de hombres. Por el otro el bohemio, cuyo bien más preciado es la libertad. Carlitos viaja, seduce, ríe, juega, gana y pierde con el mismo desapego.
Pero es también el profesional responsable que ensaya varias horas por día, hace dieta y practica deportes para mantenerse en línea. Pasión y disciplina, que son la marca del gran artista.
Intuitivo genial, que toca y compone “de oído”, es la voz del porteño, pero a la vez de un sentir existencial más allá de las fronteras. Intérprete de su realidad, que pone en palabras, en gestos, en actitudes, lo que otros oscuramente sienten, padecen o sueñan.
Su talento inmenso, su encanto personal y sus condiciones de líder hacen de él un innovador. Inspirado e inspirador, es a la vez hijo y padre de su gente. Tejedor de redes que enhebra los espacios y los tiempos: lo íntimo con el barrio y el mundo, el pasado con el presente y el futuro.
Carlos Gardel y el tango se engendran uno al otro. Son a la vez espejos de su mundo y agentes de su transformación, operando sobre los valores, los modelos de identificación, los códigos y el lenguaje de los argentinos.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Bañadito y...

Un cuento de Pablo Petrucci.

Salgo de casa, bañadito, afeitado y con la mejor ropa que encuentro.
Voy camino a la milonga, lo hago “de silbo al compás”.
Me acompañan, como siempre, “los muchachos de allá arriba”, a los que, con audacia, he rebautizado. Les “bato” los mágicos; son Caló, Pontier, Di Sarli, son muchos y cuando salgo a bailar ellos bailan conmigo ¿y cómo no van a hacerlo? si son mágicos.
Los tarareo, los canto, los pienso, y las letras de sus canciones permiten que mi imaginación haya aprendido a conciliar realidades, ficción e ilusiones, como cuando, ”me siguen los recuerdos”…porque…”voy en busca de una amiga, de mi amiga, la ilusión, y pregunto...”dónde estás”…así que…aprovechando que es viernes, y existen varias opciones, me encomiendo a la suerte para que decida el lugar de “la posibilidad” y nombro como árbitro, al “bondi”. Si el primero que viene es el 110, Canning; si es el 114, Trovador; y el 87 Grisel …
Compás de espera…luces a la distancia… sí…
“Cartas, no va más”…se acerca, está llegando…llegó… y…ganador, el ”gamba diez”.
Una hora después y ,colectivo mediante, entré en la milonga,
¡Qué hermosa sensación! Música, bullicio, colores, perfumes, mujeres… ¡cuántas mujeres!...¡Huummm!...parece que hoy,…“me toca”
Hice lugar en la barra y me instalé, los saludos de rigor, “mis ojos planeadores”, algunos copetines y “campana de largada”; sí,… “no se pueden dar ventajas”
“De rabo de ojo a un costao” como dice el tango, había visto una grandota con cara de importada,…¡me gustan las grandotas! ¿Será… porque soy chiquito?
Ella también “carpeteó”. Pero, entre palabras y copas, más copas que palabras, “dormí sobre la higuera”, y ahora que estaba decidido a bailar “la señora” no repitió su mirada, ¡Qué gil que soy!
Tendré que esperar una tanda…u otra…¿otra? (justo Pugliese) y ¿ahora el show?... ¡otra tanda más!, ¿hasta cuando? Ya son las tres de la “matina”.
Se ha ido medio boliche, ¿y yo?
¿Qué hago? ¿Saco a cualquiera? No, no, continúo, debo hacer lo que manda la letra del tango...”que sufran y aprendan a fuerza e planchar.”…
Bueno, tampoco es para tanto. Un poco más de tiempo frente a su mesa, firme como un granadero, no estaría tan mal, si quiere bailar… que baile, y si no…
Aunque,… Ella no bailó ¿sabrá? ¿o será un poquito “dura”? ¡No! ¿porqué va a ser dura?,qué tiene que ver, yo soy “un trompo” y también estoy sin bailar. Además, con esos zapatitos, ese vestidito, ese collar, ese escote… ¡Qué Escote!
¡Uy! Está mirando nuevamente. Seguro, se “avivó”, que soy “milonga”.
Aproveché la oportunidad y la cabeceé. Dijo sí… y se levantó ¡mámma mía!, ¡qué alta que es!, ¡no termina nunca!
…¿Y qué…a un milonguero no le puede temblar el pulso. Vamos.
La esperé. Se acercó. Deslicé suavemente mi mano en su cintura y le cedí el paso al tiempo que la medí….y menos mal que era en Canning, y no en Palermo, porque si había “bandera verde”, seguro que entraba segundo...” por una cabeza”….que era justo, justo, la ventaja que me llevaba.
Casi a fin del primer Tango, entramos en la pista. La abracé para bailar ¡Y cómo! Ella estaba colorada “tipo morrón”, ¡y yo! envuelto en su perfume regresé con “los mágicos” Homero, Katunga, García Gimenez…Eladia…”será que tengo el corazón”…
Al finalizar el segundo Tango, me regaló una sonrisa de labios rubí y dientes nacarados
Ahora, concluía el tercero y hasta había perdido algo de concentración pensando. Porque sabía qué decir… pero, ¿cómo?
Su mirada desafiante, buscaba mis palabras, y yo… nada, sólo hablo castellano,… y poco.
Llegó el último, y cuando mis opciones iban desde el famoso “cenkiú” hasta “anglatumidiu”sin pasar por ninguna otra, el “santo” del DJ puso un tango más. Era el tiempo exacto que estaba necesitando, pude inspirarme, desempolvé mi inglés de secundaria y en un pase mágico, saqué un“rimember”de la galera. La miré, sonreí, alcé la vista, asentí con la cabeza e índice, haciendo gala de mi conocimiento orquestal y espeté “gud,gud” Pedro Laurenz. En clara referencia al intérprete de la tanda, y al instante, agregando un movimiento de boca y mentón, aún mas afirmativo que antes, dije ”muy gud, ”veri bu-e-no”..
Ella, con nueva sonrisa, se separó un instante del abrazo, extendió su mano para estrechar la mía en señal de saludo y contestó,… Karen, “encantouda”. Me volvió a abrazar, continuamos y concluimos el Tango.
Volví a dejarla pasar, acompañándola desde atrás hasta su mesa y haciendo mi mejor... sonrisa-mueca, dije...gracias…respondió, Is a placer, a so placer, thank you, Pedrou.
Mientras me retiraba, iba pensando en la suerte para mi país que yo sea plomero, ya que de haber sido Canciller, flor de inconvenientes hubiese traído, de lo poco que habíamos hablado, sólo pude traducir una palabra al castellano, que fue Pedrou, y que por supuesto, cualquiera que supiese de idiomas, sabría que quiere decir Pedro,
Y ahora… tal vez… “ésta chica”…
¡Uy! ¿esta chica estará creyendo que ha bailado con Pedrito Laurenz?
Ay Ay Ay, creo que… se ha complicado,
Como casi siempre.
Parece que hoy… “no me toca”.
”Ma sí”… mejor,
Me quedo solo y chau
¿y el 110?...
¿Vendrá pronto?

martes, 1 de diciembre de 2009

Cuestiones de género

Por Sonia Abadi

En el mundo de las mujeres hablar de género no es nada nuevo, ni siquiera un invento de las feministas. Ya en los inicios del tango se hablaba de género: de hilo, de algodón... o de un generito para hacerse una pollera o una blusa. En los comienzos del siglo XX, el mundo de las mujeres era un pañuelo, y en muchos casos aún lo sigue siendo. Del velo de novia al trapo de piso, de vestir a las muñecas a cambiar pañales, ... o la opción de la soltería: quedarse para vestir santos.
La historia de las mujeres transcurría entre telas, o peor aún, entretelones. Aunque algunas lograron destacarse llegando al telón de un escenario y otras consiguiendo la “tela” contante y sonante que les ofrecía algún señor.
Y en las letras de tango, las telas tienen su propia moral. Del vestidito de percal a la estola de lamé hay un abismo de perdición. Como es bien sabido las telas que brillan, al igual que las alhajas, siempre despiertan sospechas acerca del comportamiento de las mujeres que las llevan.
Nos hallamos en los comienzos del tango, en esos años veinte en que las oficialas del taller, trabajadoras y sencillas, cosían la ropa de las elegantes y las locas. Por su parte, las chicas decentes preparaban el ajuar: de encaje, de raso y broderie,... o de seda con rositas rococó. Aunque en ese caso, como lo cuenta un célebre tango, ya deja de ser la buena de Margarita y ahora la llaman Margot.
Tiranía del género. Coser, bordar, tejer, la tela representa la constancia y la paciencia. Total, del futuro poco se podía esperar: el taller de costura, el burdel o el cabaret, la resignación o la deshonra, todas formas de la derrota.
Aunque para la misma época y en la civilizada Europa, la pobre Isadora, tan rebelde y desprejuiciada, igual terminó estrangulada por su propio echarpe.

martes, 3 de noviembre de 2009

La llovizna

Relato de Gato Peter.
Un encantador aporte de Mario Vassolo.

Relato de un hecho acontecido en el interior de nuestros dilatados campos bonaerenses, el día que las copiosas precipitaciones pluviométricas sobrepasaron las capacidades de infiltración del suelo y de defensa de los pobladores de una amplia zona del área deprimida de nuestra provincia.

La llovizna.
Relatada por uno de los personajes al que le tocó vivir el evento. Dice así:

Todo empezó a media tarde, cuando un viejo salió afuera y así como una zoncera hablar de sabiduría, dijo que le parecía que esa tarde iba a llover.
Pero mucho no iba a ser, a lo sumo cuatro gotas, nadie preparó las botas, y en efecto, entró a llover; el viejo les había dicho mirando la luna llena, que no valía la pena que amasaran tortas fritas.
La cosa iba a ser cortita, una nube pasajera, no había peligro de goteras, y el viejo en algo le erró; y así fue como llovió once semanas enteras.
Lluvia, como en Europa, o sea de arriba para abajo, las viejas pelaban ajo en La Estancia “El avestruz”, y se había cortado la luz, ese día justamente.
Según lo cuenta la gente que narra esta trayectoria, si no le erra mi memoria, y yo mal no los educo, se estaban jugando un truco, al oscuro, de memoria.
Se había juntado tanta agua, hasta el altor de la mesa, se le veían las cabezas a los que estaban sentados, y seguían encarnizados; orejeaban chapoteando.
Iban los naipes flotando, de muy náutica manera, en fuentes y compoteras, que la oficiaban de bote, casi oxidado el cogote, verde de humedad la pera.
Un rey de copas remando, con el canto de un as de espada, pasó que se las pelaba, en un plato hondo veloz.
Y una sota andrajosa, daba lástima de verdad, muy mojada y además, ya casi azul por el frío, y el panorama invadido por los bichos de la humedad.
En vez de mezclar los naipes, los paisanos escurrían, estiraban, retorcían, y al final, le seguían dando; se les iban oxidando los oros y las espadas, los bastos, se les brotaban, las copas, estaban llenas, pero iban buenas y buenas y ninguno le aflojaba.
Ya por el segundo treinta, los petizos ni hacían pié. Prender fuego, válgale si estba todo mojado, los fósforos denigrados por un destino fluvial, reflotaban cada cual, lo mejor que se podía, y la lluvia que seguía cargosa en el ventanal.
Los porotos para anotar, con semejante humedad, germinaban y ahí nomás, eran plantas de poroto. Estaba el equilibrio roto de la madre biología, los perros medio se hundían de nadar acalambrados y en el techo acomplejado, los gatos sobrevivían.
Los sombreros, ida y vuelta, salvataje de gallinas, sapos, ranas y sardinas, formaban sus procesiones algunos patos silvones, veintinueve gallaretas. Cadáveres de tijeretas, alpargatas y chimangos, iban allí navegando a la altura de la jeta.
El agua ablandaba todo, disolvió una mortadela y arrastró a catorce abuelas que miraban el torneo y la cosa se agravó, cuando uno de los presentes va y rompe inocentemente, el cuello de una botella; detergente había en aquella! Y otra desgracia se suma. La casa llena de espuma y un pánico que atropella.
Al final la correntada, los arrastró a una laguna, y le cortó treintaiuna! a un viejito protestón. Había llovido un montón y un criollo que se asomó, con la dialéctica, vió? tan típica del paisano, dijo cruzando las manos, ¡la p… como llovió!

domingo, 6 de septiembre de 2009

Princesa Inca

Un cuento de Santiago Sánchez

Por aquellos años, todavía jóvenes, seguía yo sin saber que hacer de mi vida, y las vacaciones nunca escapaban a la regla; pero sea como fuere, que ya no sé muy bien ni como fue, ahí estaba yo, esperando el año nuevo en la Plaza de Armas de la incaica ciudad del Cuzco, perdida entre los cerros del altiplano peruano. Creo que pocas cosas han marcado tan hondo mi alma como la matemática y la poesía urbana. Y esa noche las dos flotaban en esos últimos minutos de un envejecido pero aún noble 2001. Se venía un capicúa, dos-cero-cero-dos, el segundo y último de mi vida, y de la de todos aquellos en esa plaza. Aun confundido como siempre, no dudaba de que sería una noche para contar.
La plaza estaba colmada de gente. Gente de todos lados y de todos colores: brasileros, mendocinos, porteños, cordobeses, peruanos, yanquis, africanos y por supuesto, los siemprepresentes cara pálida: alemanes, belgas, finlandeses, noruegos, daneses y todas esas yerbas blancas. Hasta juraría que vi un marciano, aunque bien pudo ser un islandés. La noche estaba húmeda, las farolas brumosas, la lluvia agazapada en las nubes. La Catedral parecía vigilarlo todo como un gan centinela de ladrillo. Testigos menos impresionantes, pero más amigables eran los bares, boliches, y cafés que rodeaban la plaza. Las casas y calles de piedra nos recordaban sutilmente que estabamos en un lugar de otro tiempo. El murmullo general concentraba voces de todos los orígenes y parecía unificarnos.
Finalmente el 2001 expiró, y todos oímos el llanto de vida del 2002. Besos y abrazos en donde se fundían los más diversos colores y se mezclaban los idiomas, y los licores más raros sin entenderse pero entendiéndose igual.
La lluvia cayó puntual y todos empezamos a correr alrededor de la plaza. Parecía como si en vez de escapar de la lluvia quisiésemos atraparla. No se podía caminar, no se podía parar, todo era a ritmo de acelerada procesión. En algún momento la centrífuga nos lanzó adentro de un bolichón. Cuando quise acordar ya no tenía ni billetera ni anteojos. Seguro estarían en algún lugar de esa plaza loca, ahora más brumosa que antes. No me importó; estaba vivo, y tenía un año entero por delante.
Para empezar conseguí una cerveza y una silla. Algo más calmado busqué un poco de paz, pero me topé con la soledad. Recorrí entonces con nublada mirada el oscuro bolichón de contornos borrosos y vi de todo sin ver a nadie. Pero percibí algo fuerte. Me levanté con una fuerza que no era mía, y me dejé llevar. Me adentré en la selva humana, atravesando los más diversos grupos de personajes. Me sentía guiado y no tardé en saber por quién. Allí apareció ella, con esos ojos negro infinito que solo una peruana puede tener. De una mirada transformó mi rubia cerveza en un negro café. Sus ojos iluminaron los míos, y la pude enfocar. Morocha lacia de cuerpo compacto y prominente. Casi no hicieron falta palabras y empezamos a bailar. Su cintura sacudía mi mano y sus pechos rozaban mi camisa. Su pelo azabache olía a chocolate caliente. A su lado empecé a sentir la pureza de algo autóctono. Era el origen sudamericano. La muchacha llevaba en su sangre al Inti y a la Pachamama. Bailamos rumbas cuartetos y cumbias; yo me movía como si supiera, simplemente me dejaba llevar...
Del baile a los abrazos, y de los abrazos a las caricias, hasta que finalmente sus labios refrescaron los míos, y sentí que saboreaba un mango recién cortado...
Milagro del Cuzco, y del primer amanecer del 2002...

viernes, 27 de marzo de 2009

Invitación al abrazo

Por Sonia Abadi.

Un día alguien se olvidó una puerta abierta y me colé en la Milonga. Miré, escuché, aprendí a bailar, me contaron cosas, adiviné otras. Fue la experiencia y no la mirada fría y objetiva del investigador la que me despertó el deseo de contar. Frases y situaciones que surgieron oyendo confidencias, quejas, ocurrencias, engendraron estos relatos. Pregunté a los tantos extranjeros que venían a Buenos Aires a bailar, por qué se habían apasionado de ese modo con nuestro tango. La respuesta era siempre la misma: “por el abrazo”.
¿Cómo contarles a los que bailaban lo que ya sabían, lo que ellos mismos estaban viviendo? Decidí hacerlos cómplices y que se vieran reflejados. Y se encontraron como en un espejo.
Hijo natural de una pasión con el tango, apadrinado por los milongueros, acunado por las bailarinas, nació este blog. Robándole al baile el tiempo para escribir y al escribir el tiempo para bailar, ya que el tiempo del trabajo era intocable. Con la picardía de la milonga, la pasión del tango y el vértigo del vals, se hizo este abrazo porteño que quise compartir con cada uno.
Hoy el Bazar se ha poblado de nuevos abrazos, y en él se encuentran los locales y los extranjeros, los que bailan o no, los eternos amantes del tango y los que apenas empiezan a descubrirlo.