jueves, 15 de abril de 2010

Poetas de las baldosas y el parquet

Por Sonia Abadi.

Agazapado, maniatado, domesticado durante largas horas detrás del volante, el escritorio o el mostrador, él llega a la milonga a descomprimirse, explayarse, expresarse. Es su oportunidad de ser único, de romper con las reglas del rebaño.
Corriendo todo el día detrás de los hijos, los hombres, el carrito del supermercado, el mango, y la tan pregonada emancipación, ella encuentra en el baile el tiempo de soñar, de entregarse, de ponerse en manos del otro y no tener que hacerse cargo por un rato de tomar sus propias decisiones. Acunada, amparada y guiada renuncia impunemente al mandato de ser independiente.
Pero a la vez adquiere nuevos derechos: sentarse sola, mirar sin rodeos al hombre con quien quiere bailar, abrazarse a un desconocido, y a otro, y a otro...
Allí en la milonga hombre y mujer escribirán su novela, que expresa la medida de su prisión cotidiana y la inmensidad de su sueño de libertad.
Por horas o minutos él podrá ser artista: dibujar el parquet con invisible fileteado, hacer vibrar los cuerpos como instrumentos musicales, o declamar ese verso que le llevó años perfeccionar hasta hacerlo tan sintético que encajara justo en los escasos segundos que hay entre tango y tango. Aunque nunca falta el incontinente que relata su soneto ¿o sanata? durante toda la tanda.
Pero el texto principal, el arte efímero escrito en la pizarra de la pista, es el baile mismo.
“Los pasos de tango son como las letras del abecedario con las que cada bailarín escribe su propio poema”, se cansan de repetir los maestros a los que quieren aprender secuencias de memoria, copiar pasos, imitar estilos.
Hay bailarines parcos, de texto breve y conciso, despojado y austero. Sólo el sentimiento, la calidad del abrazo y el modo de llevar el compás los rescatan de la monotonía. Algunos que deslumbran con la destreza de su fraseo. Otros tan floridos que empalagan. Ni hablar de los inexpertos que bailan un monólogo de memoria, no saben marcar y cuando ella no los puede seguir le dicen con expresión sabihonda: “Este paso no te lo sabías, ¿no?”
La poesía de las mujeres merece un capítulo aparte. Se supone que se dejan llevar. Aunque algunas se resisten, no se sabe si por recato o en un arranque de inoportuno feminismo. Otras van a remolque con una pasividad que más que entrega parece resignación.
Están también las que sin perder el diálogo imprimen al baile su propia energía, estrenando un adorno cada tanto, jugando sutilmente con las distancias y los gestos. Entregan al piso cómplice las caricias que no se atreven a brindarle al hombre. A él le toca descifrar el mensaje.
Y este milagro de creatividad se renueva y se multiplica en cada pareja, con cada tango, en una literatura de textos inéditos e irrepetibles.
El porteño es experto en improvisar, cómo llegar a fin de mes, cómo cruzar una calle sin semáforo, cómo encarar los mil y un problemas cotidianos en que lo único seguro es la incertidumbre. “Yo me mando, ya se me va a ocurrir cómo resolverlo”, parece ser su lema tanto en la vida como en el tango.
Así, el antiguo arte del payador, el renovado arte del milonguero, y el arte de vivir cada día en la Argentina tienen algo en común: el sublime talento de la improvisación.

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miércoles, 14 de abril de 2010

Vida fulera la de esta mina

Un aporte de Alicia Orman, aliciaorman@fibertel.com.ar
El cuento será publicado en el libro "La tienda de los milagros", Editorial Nueva Generación.

Estercita, la hija de la modista del barrio, vivía a dos cuadras del club Argentino Juniors, en La Paternal.
Supo surfilar costuras y hacer ojales hasta que aprendió bien el oficio convirtiéndose en una refinada costurera a la que acudían todas las pitucas de la zona.
Su papá, un tano repartidor de sifones, tenía el pie derecho dañado porque una vez al cargar la chata del reparto, le había explotado uno justo encima.
Aún así, inició a “su Estercita” en los cortes y quebradas hasta ponerla a punto para las milongas del club.
Allí iban entonces papá sodero, mamá modista, a una mesa desde donde vigilaban la movida de la milonga y la mesa de las chicas.
¡Cómo se lucía la Estercita, qué elegancia! ¡Qué gambas!... Hacían fila p’al cabeceo.
La milonga era una fiesta, buen ambiente, gente de trabajo del barrio. Toda buena gente.
Apareció un gavilán que agitó el palomar. Los hombres se inquietaron, las muchachas se encendieron.
A Estercita la marcó de cerca y empezó a acapararla.
―¡Atenti, pebeta!, seguí mi consejo, yo soy zorro viejo y te quiero bien –le dijo el tano.
―¡Ay, tatita! Es que cuando él está a mi lado me habla como un caramelo del sol, la luna y el cielo y no me puedo aguantar. El día que lo miré, me bastó pa’ convencerme que su cariño y la muerte juegan conmigo a la vez.
Y se piantó la Estercita, sin decir agua va ni agua viene.
Juntó su ropa y todas sus ilusiones y voló con el gavilán.
Anduvieron por el bajo Flores de pensión en pensión. Ella cosía hasta la madrugada y él “no tenía suerte p’al laburo” –decía.
La Estercita le pedía:
―Poneme un apartamento como tienen los bacanes, con pufis y con divanes. Un regio cuarto de baño con el líquido caliente p’a poderme bañar.
Dale, varón, buscá un trabajo liviano, aprendé las castañuelas, fabricá engrudo con gofio, poné agencia de quinielas, pensá en algo, laburá.
Te aconsejo que trabajes, que es un ejercicio sano, saludable en el invierno y mejor en el verano... no mangués y producí.
Haragán, si encontrás al inventor del laburo, lo fajás... haragán, si seguís en ese tren yo te amuro...
Pero esto no ocurrió, porque el vago le dijo un día:
―Si soy así, qué voy a hacer, nací buen mozo y embalao para el querer –y le colgó la galleta, corriendo tras una polaquita recién llegada para un burdel de Avellaneda.
Estercita con el reloj en la mano sufría su tardanza y tenía la esperanza de que iba a volver.
Pensaba en esa fulana con corazón de alcaucil que deshojaba de a poco para uno o para mil. Piba moderna, presumida y pizpireta, vanidosa y muy coqueta con romances sin amor.
Su cabecita de hembra herida, se veía con él besuqueándole la frente, con gran tranquilidad, amablemente fajándole treinta y cuatro puñaladas, para llevarse luego las pruebas de la infamia dentro de su maleta, las trenzas de esa china y el corazón de él.
Volvió vencida a la casita de sus viejos.
―El tiempo todo lo cura, Estercita –le decía su papá.
La biyuya y la buena vida también alivian, decían las malas lenguas de La Paternal.
Así fue que cuando un petitero con guita le propuso casamiento, se entregó sin chistar.
Ahora la Estercita es la señora del chalé. La seda y el percal son las prendas de su ajuar. Abrigada con armiño y paseando en voiturette.
Resultó que un verano, en un caluroso baile de carnaval, lo vio más triste y más solo que náufrago en alta mar.
Y se olvidó de que había jurado olvidarlo.
Yo me meto cuando encuentro un hombre fuerte, si me casca, me enloquece. Pero en cambio no les doy beligerancia a esos tipos que hablan de amor. Sin embargo, mi amorcito, yo puedo hacerte feliz. Cuando quede el cogoyito que es tu real corazoncito lo reservás para mí.

Una anécdota de Gardel en Medellín

Un aporte de Ernesto Fernández, ernestofernandez45@hotmail.com

Gardel llega a Medellín y actúa en el Teatro Real.(hasta ahí todo normal). Al día siguiente y por tres presentaciones canta en el Olimpia (prestar atención). El escenario está ubicado en la mitad de la sala, por lo que el Morocho y los guitarristas optaron por ubicarse de costado, para no dar la espalda a ninguno de los dos sectores del público.
El Olimpia era un enorme salón en donde se pasaban películas. Para una mitad de la platea que pagaba entradas caras, el film se veía normalmente y se podía leer la traducción sobreimpresa; la otra mitad del público, los menos pudientes y a veces analfabetos, veian las imágenes al revés, ¡incluídas las letras!! Gardel cantó allí girando su perfil alternativamente hacia los dos sectores.
Armando Defineo dice que el último tango que cantó fue "Tomo y obligo", luego el final...

martes, 13 de abril de 2010

Algo sobre el centenario

Un aporte de Eduardo Clancy eduardoclancy@yahoo.com.ar
Pueden leer los textos completos en www.areconoticias.com.ar
Fragmento de "Algo sobre el centenario"

Se acerca la celebración del Bicentenario de la Revolución de Mayo, y vale la pena recordar algunos aspectos de la celebración del Centenario en Buenos Aires y su contexto urbano/edilicio, político y social. También vale recordar algo de lo que sucedía en esos años en mi pueblo, San Antonio de Areco. Son hechos de nuestra historia que nos muestran un país de enorme pujanza y muchas contradicciones, donde las personalidades de los Presidentes José Figueroa Alcorta y Roque Sáenz Peña merecen tenerse presentes por su trascendencia y valor ejemplificador, en estos tiempos de desvalorización de la política y de la cultura.

La celebración del Centenario coincidió con el fin de una etapa de enormes cambios en nuestra república, generada por las personalidades de la llamada “generación del ochenta” y direccionada por las políticas de Julio A. Roca. El enorme flujo de inmigrantes,
( entre 1870 y 1913 sumaron seis millones, aunque tres volvieron a su país de orígen) la industrialización de la producción agrícola y ganadera y el notable incremento de las exportaciones de esos rubros trajeron enormes beneficios a la economía transformando a nuestro país en el más adelantado de América Latina. La población tuvo un aumento notable, y pasó de un millón en 1870 a ocho millones en 1910. La necesidad de dar vivienda al flujo inmigratorio dio lugar a la aparición de los “conventillos” o casas de inquilinato, que funcionaban en las casas “chorizo” de los barrios más pobres de la ciudad.
Las familias alquilaban por lo general una pieza, donde vivían hacinados. En los patios se cocinaba, se lavaba la ropa y se compartía una vida precaria, pero llena de bullicio y colorido. Esos patios y su atmósfera social inspiraron a sinnúmero de tangos.
En el reverso de la moneda, Buenos Aires era llamada la París de Sudamérica, título al que se había hecho acreedora con novedosas construcciones tales como el hotel Plaza, primer rascacielos de la ciudad terminado en 1909, que cambió la fisonomía de la zona de Retiro. Cercano al nuevo edificio funcionaba un Museo de Bellas Artes en el llamado Pabellón Nacional, cuya estructura metálica había estado al lado de la Torre Eiffel en la exposición de París de 1889. Los afrancesados palacios de las familias patricias,la mayoría de ellos en los alrededores de la Plaza San Martín, surgían bajo la dirección de grandes arquitectos ,tales como el francés René Sargent,enrolados en el“academicismo”,
al influjo de la Ecole des Beaux Arts de París.
En la esquina nor-este de la Plaza se terminaba en 1910 el imponente Palacio Anchorena (hoy Ministerio de Relaciones Exteriores), proyecto del Arq. Alejandro Christophersen.
La actividad cultural estaba acorde con los grandes adelantos: el teatro Colón había sido inaugurado en 1908, los porteños disfrutaban de 90 salas de cine y leían 23 periódicos
( La Prensa, La Nación, The Standard, Deutsche la Plata Zeitung, La Patria degli Italiani,Le Courier de la Plata, The Southern Cross, Caras y Caretas, P.B.T y otros ).
Por las calles y avenidas transitaban cada vez más automóviles y las múltiples líneas de “tramways” (la más conocida era la empresa creada por Federico Lacroze) llevaban sus pasajeros a todos los puntos de la ciudad.
La red ferroviaria creció de 732km. en 1870 a 28.000 km. en 1910 .Sus instalaciones y equipamiento eran la última palabra en ingeniería ferroviaria y su arquitectura puede apreciarse hasta nuestros días por la calidad de su diseño y la nobleza de los materiales utilizados. La estación Constitución fue por poco tiempo la mayor del mundo en su tipo.
El 6 de febrero de 1910, un grupo de vecinos de Longchamps, Pcia. de Buenos Aires, y la comisión del Aero Club local (con Jorge Newbery como miembro) miraban embelesados un corto vuelo del aeroplano Voisin con motor de 60CV.piloteado por el francés Enrique Bregi. Era el primer vuelo a motor realizado en nuestro territorio...

martes, 6 de abril de 2010

Peñas de tango

Las peñas de cantores son lugares en los que cualquiera de nosotros, profesional o amateur, puede ir a cantar con sus amigos acompañado por músicos en vivo.

Próximas fechas:
- Jueves 15 de abril 21:30 hs. Carlos Ferrone en el Club Palermo, Fitz Roy 2238.
- Miércoles 21 de abril 21 hs. Tani con Carlos Ferrone en Federico, Av. de Mayo 1402 esq. San José.