jueves, 17 de diciembre de 2009

Tango y psicoanálisis

Por Julio Woscoboinik
www.elenigmadeborges.com.ar

Es verdad que Buenos Aires es la cuna del tango. Es verdad que Freud prendió fuerte en Buenos Aires. Pero también es cierto que el Psicoanálisis tuvo su cuna en la clase media, media alta, profesional, intelectual de Buenos Aires y el tango, nació en las orillas, en las márgenes de la Gran Aldea.
Es verdad que ambos hallaron sus resistencias. El tango porque venía del alma del suburbio. El psicoanálisis porque buscaba adentrarse en los suburbios del alma.
Es verdad que el psicoanálisis fue transgresor para esa época victoriana.
Y el tango por que cantaba esas miserias humanas, que la sociedad porteña no quería enterarse.
Con todo pienso que si algo los une es el dolor y la tristeza, 
en el tango para decirla, 
en el psicoanálisis para aliviarla.
Aunque en la medida que los condicionantes de esos sentimientos eran esencialmente socio-económicos, en eso residiría el mayor desencuentro.
Me parece por esto relativo el señalamiento de coincidencias.
El tango como tantas otras expresiones musicales folklóricas tiene su raíz en la necesidad instintiva del ser humano de expresar algo que tal vez comenzó con la primera insatisfacción, con la primera pérdida, con la primer tristeza. Fue canto de desheradados, en las orillas de la vida de la Gran Aldea . Fue bálsamo y compañera de la soledad. Consuelo frente al desarraigo ya sea del campo o de otras tierras lejanas.
Tal vez las coincidencias habria que buscarlas en uno de los orígenes del psicoanálisis. Cuando se lo busca en el Freud de la tradición hebrea y en los padeceres transgeneracionales de persecuciónes y pérdidas, penas y desarraigos del pueblo judío.
En fin, creo que el tango como el alcohol fue la terapia de los pobres.
En general, el origen del canto fue religioso. Lenguaje apropiado para dirigirse a los dioses. Y expresión catártica de historias de batallas y de amor.
David y Salomón eran representados con un arpa entre sus manos. Salmos y baladas fuerón cantados por Salomón.
En Roma en los primeros tiempos la música estaba en manos de esclavos griegos y asiaticos los que alegraban los banquetes y los espectáculos del circo. Los primeros cantícos cristianos fueron en las catacumbas romanas donde se hallaban encarcelados, perseguidos y martirizados.
Asi también el nacimiento de los “negros espirituals”, gospels, de los esclavos africanos en Estados Unidos.
Un cantar de la tristeza para no caer en la desesperación.
Lo escuchamos claramente en los primeros versos del Martín Fierro
Aquí me pongo a cantar

Al compás de la vigüela, 

Que el hombre que lo desvela 

Una pena estraordinaria 

Como el ave solitaria 

Con el cantar se consuela.
Son muchas las facetas a considerar, pero quiero detenerme en algo que me llamo la atención y es la importancia de la música en cuanto resonancias emocionales. Al hablar del ritmo y la música, la poesía alcanza una resonancia emocional que que nos invade. Estamos hablando del ritmo en la gramática de los sentimientos. Es lo que más nos llega cuando la lectura de una poesía o aín de un texto en prosa: nacido de la emoción, el ritmo es el lenguaje del sentimiento.
El tango, dijo alguien, es una danza triste que se baila. Tristeza y melancolía, resentimiento y bronca del desarraigo y la marginación. Que se baila con cortes, y quebradas, con sentada, ocho, media luna, y corrida.
Entre la poesía, el canto, y la música. El bolero también canta al amor y sus desdichas pero tiene una melodía serena y tranquila. En un cara a cara donde la pareja juega al mayor contacto. El tango es apasionado, es peleador y donde hay un juego erótico-agresivo más de las piernas que del rostro.
Pese al pesimismo escéptico que algunas letras transmiten, el compadrito o la mujer del lupanar o el gaucho sin tierras o el joven inmigrante en tierra ajena, sacan fuerzas para resistir. Desde las orillas desde las margenes desde las fronteras y salvando las aduanas represivas se contrabandea las ganas de salvarse.
“Ecos, resaca, arena, liquen, sueños. 
Otra cosa no soy que esas imágenes 
Que baraja el azar y nombra el tedio. 
Con ellas, aunque ciego y quebrantado 
he de labrar el verso incorruptible 
Y (es mi deber) salvarme.”
Estos versos de Borges sintetizan lo más íntimo del alma del tango.

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